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Administración, insuficiente para una gestión efectiva

Administración, insuficiente para una gestión efectiva

Una gestión efectiva busca optimizar recursos en todas las áreas de la empresa. Pero ¿qué ocurre con las personas?, ¿su comportamiento puede normarse para lograr la mejora continua?

Por Diana De Luna |
Docente de la Licenciatura en Administración Estratégica

¿Qué tan posible es, en la actualidad, el control de las actividades y comportamientos del personal dentro de las empresas?

En el ámbito empresarial, es muy común que los administradores diseñen formatos para controlar a su personal; sin embargo, el comportamiento diverso y complejo del ser humano rebasa lo previsto en tales formatos. No hay modo de predecir en su totalidad el comportamiento, el pensamiento y la interpretación del personal, a pesar de los esfuerzos que la disciplina de administración ha consolidado a lo largo de su historia. Y la razón es que las personas siempre sorprenden por su manera de pensar y actuar.

La administración comenzó a considerarse una disciplina hacia principios del siglo xx; en esa época, dedicó sus escuelas teóricas y sus herramientas a la mejora de las empresas. Mejora en el sentido de maximización de los recursos —ganar más invirtiendo menos— y donde el ser humano queda como una vía —entre otras— para obtener ganancias.

En ese entonces, las escuelas de la administración científica y la burocracia comenzaron a crear un listado de actividades o pasos como los ideales para conseguir los objetivos empresariales, pues habían enfocado su mirada hacia la mejora de procedimientos. El asunto es que en el proceso no se consideró al individuo.

Por un lado, la administración científica consideraba que el hombre era una extensión de la máquina, lo que significaba que debía trabajar al ritmo que ésta exigía. Por el otro, desde el punto de vista de la burocracia, la creación y el seguimiento de pasos son lo valioso y funcional, sin importar las personas o circunstancias particulares.

En ambas escuelas, el ser humano queda anulado en sus características naturales, pues se privilegió la ejecución, sin necesidad de pensar, cuestionar o modificar las actividades.

Después de los sesenta, tras el paso de la cientificidad a la diversidad —un cambio significativo en el pensamiento académico que comprendió diferentes disciplinas—, la administración incorpora, como parte de su teoría, al ser humano.

Las escuelas de recursos humanos, comportamiento y, recientemente, el campo del desarrollo y la cultura organizacionales son claros ejemplos que incluyen al ser humano; no obstante, tal consideración responde a la necesidad de orientarlo hacia los beneficios de la empresa.

Como parte de estas escuelas, se han creado mecanismos como la documentación (en la actualidad, orientada a las personas) con la que se pretende el seguimiento y obediencia del personal dentro de las empresas con el simple hecho de ponerlo por escrito, como si se tratara de un mandato a seguir sin cuestionamientos o interpretaciones.

La documentación suele incluir la historia de las empresas, su organigrama, su razón de ser, la descripción de actividades e incluso de la personalidad y conocimiento de quienes pueden ser aceptados para laborar en ellas. Conocer la historia, la organización de la empresa, cómo realizar las actividades y el mismo tipo de personalidades son algunas de las medidas que se toman en cuenta en la actualidad para una buena gestión. Sin embargo y a pesar de la inclusión del ser humano en la teoría de la administración, el punto de vista continúa sin abordar cuestiones subjetivas y la diversidad en la gestión.

Si se utiliza al ser humano como un recurso más para la obtención de ganancias, entonces es entendible que se evite considerar sus propios pensamientos, su creatividad, su interpretación, sus sentimientos y sus deseos. Sin embargo, pese a los deseos del administrador, el ser humano continúa siendo subjetivo de modo inevitable. Por ejemplo, con el uso de documentación —como los nombrados códigos de conducta, se busca normar la forma de vestir, de comportarse, de hablar y el uso de frases que son parte de la empresa (“nuestra empresa”, “nuestra filosofía”). Pero el uso de la formas no siempre se relaciona con los resultados. Cumplir con el uso de un vestido para lograr el éxito en la empresa no es necesario en todos los casos.

La capacidad de creatividad disminuye ante el intento de alinear comportamientos. Si algún integrante observa una manera diferente de gestión o administración, o de realizar sus actividades cotidianas, la capacidad no tiene cabida por estar fuera de lo normado. De esta forma, la creatividad —y, con ello, la mejora— de las empresas queda imposibilitada de manera natural.

Las expectativas y deseos individuales son otro punto que se contrapone a lo deseado dentro de las empresas. En términos generales, la sociedad tiende a estandarizar deseos; piensa que todos anhelan el “éxito”, entendido como la adquisición de bienes materiales, un puesto alto y el reconocimiento frente a amigos y familiares. Por ello, muchas de las empresas orientan sus mecanismos de control hacia dichos deseos. Por ejemplo: a mayor y mejor trabajo, un puesto y sueldo más alto. Sin embargo, los deseos mencionados no son los mismos para todas las personas ni en todas las ocasiones; hay quienes apetecen cuestiones subjetivas, como una vida social y familiar, por ejemplo.

Los deseos también se vuelven individuales, pues se vinculan a muchas variables, como la historia de vida, las necesidades cotidianas, las expectativas e incluso la manera de entender y observar la vida. Uno se pregunta si la documentación de las empresas desplazará estos deseos individuales a segundo término y las personas terminarán alineándose a los empresariales. ¿Existe la posibilidad de que el individuo haga suyo el deseo de cumplir la venta impuesta y que, con ello, la empresa se coloque como la mejor en su rubro? Además, hay que tomar en cuenta que somos emocionales y que, en ocasiones, nuestros deseos se manifiestan también como envidia y egoísmo, actitudes que son la raíz de numerosos problemas en las empresas.

La sociedad promueve el “éxito”, y las empresas responden a ello con el uso de la documentación como su principal herramienta; especifican metas por medio de las cuales, una vez alcanzadas, se obtiene la expectativa correspondiente. Sin embargo, como ya se mencionó, tal éxito no aplica a las expectativas de todos, pues algunas tienen que ver con el reconocimiento social, la valoración del tiempo y la ayuda, entre otras cosas.

En conclusión, los pensamientos, subjetividades, deseos y expectativas de las personas son muy diversos; por lo tanto, resulta difícil conocer y controlar al personal de una empresa en aras de una mejora continua.

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