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Escrito por: Emmanuel

febrero 13, 2018

La pedagogía en museos es un campo que ha venido a enriquecer el conocimiento y el quehacer pedagógico, lo cual nutre su campo profesional.

Por Arantxa Muñoz |
Estudiante de la Licenciatura en Pedagogía

Durante mucho tiempo, la educación se ha circunscrito a las aulas de clases. Sin embargo, en la actualidad se ha demostrado que hay otros horizontes e incluso nuevas herramientas que facilitan el aprendizaje en el mundo actual.

La UNESCO afirma que la educación no formal puede “abarcar programas de alfabetización de adultos, enseñanza básica a niños no escolarizados, desarrollo de competencias para la vida cotidiana, capacitación laboral o conocimientos generales”. Lo anterior podría ser un precedente que apoye la necesidad de modificar las formas en las que se presente el fenómeno educativo, y que no necesariamente dicho fenómeno sea determinado por factores como la edad, escolaridad, estilo de vida o conocimientos, en general.

Los espacios de educación no formal han incursionado en propuestas educativas innovadoras al considerar el cómo aprenden las personas en su vida cotidiana, sus estrategias, intereses y necesidades, sin limitarse a las herramientas tradicionales de la educación. Durante su formación en pedagogía, el estudiante explora estas áreas como espacios de posibilidades múltiples en la construcción de experiencias que puedan resultar significativas para la vida de las personas.

Estos ámbitos abren y amplían la visión sobre la pedagogía y permiten ubicar al pedagogo en otros escenarios de acción, como promotor, divulgador o gestor en asociaciones con acción educativa y en espacios culturales en general.

Una de las áreas de mayor preponderancia de la educación no formal son los museos, sitios que sirven para experimentar de manera clara la manera en la que la persona aprende y construye un conocimiento a partir de herramientas para la facilitación de un aprendizaje de naturaleza no formal. La pedagogía museística es un campo que ha venido a enriquecer el conocimiento y el quehacer pedagógico, lo cual nutre el campo profesional de la Pedagogía.

De acuerdo con Magda Fernández, los museos han evolucionado como espacios educativos cuya didáctica puede llegar a ser mucho más potente que la de un aula de clases. Esto significa que este espacio de educación no formal sea metódicamente organizado desde el punto de vista pedagógico para convertirse en una estrategia de socialización de la educación en los entornos actuales.

Al atractivo que en sí mismo representa trabajar en un espacio cultural como los museos hay que añadir que se tratan de un campo poco conocido por los pedagogos.

Porque Pedagogía es mucho más que educación y niños, anímate a explorar sus posibilidades.

 

Para saber más:

Magda Fernández, “Los museos: espacios de cultura, espacios de aprendizaje”, Histodidáctica, Universidad de Barcelona, 2003. Disponible en: http://www.ub.edu/histodidactica/index.php?option=com_content&view=article&id=15:los-museos-espacios-de-cultura-espacios-de-aprendizaje&catid=10&Itemid=103